El Molino, en primera persona

Más de tres siglos suman ya los muros de la hacienda… como si el tiempo no hubiese desfilado antes ellas, en sus paredes vuelven a brillar, como antes, la cal y la almagra que han dado color a los recuerdos de todo un pueblo.

Pero más allá de la arquitectura, de los documentos y de un espacio siempre familiar para todos, la historia del Molino es, sobre todo, una masa elaborada a base de afectos y recuerdos. En ella, gota a gota, se encuentra el aceite de la vida de todos los que hicieron de El Santo Ángel el lugar especial que siempre fue.

Rescatar aquellas historias personales, las de aquellos que conocieron el Molino de antes, es casi tan importante como recuperar los mismos muros de la hacienda, cuyas voces resuenan ahora en las de quienes, como ellos, han contemplado la vida que bullía entre capachos, olivas y oro puro en forma de aceite.

Jesús Rodríguez Mejías, Manuel Payán Melo y Gonzalo Pavón Mora son tres de los testigos de aquel molino de la primera mitad del siglo XX. En sus miradas se adivinan todavía las vivencias que cuentan sus labios, las historias que, sin dejar de ser suyas, son también de todo el pueblo de Gines…

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